En Chile muere una persona cada tres días por alcohol al volante. Mi Vuelta quiere que no seas la próxima
Era estudiante universitario cuando empezó a manejar los autos de desconocidos de vuelta a casa. Hoy José Marcano es dueño de la empresa: más de 3.000 noches que terminaron en casa y no al costado de la carretera.
Por Vicente Lefevre Labbé

Son las tres de la mañana. La fiesta termina, alguien prende las luces y empieza el ritual de siempre: buscar el abrigo, despedirse de todos dos veces y encontrar las llaves del auto. Es en ese momento, entre el último abrazo y la puerta, cuando se toma una de las decisiones más importantes de la noche. Y casi nadie la piensa.
“Estoy bien, fueron un par nomás”. La frase es conocida. También lo son sus consecuencias.
Cada tres días, en algún lugar de Chile, una persona muere porque alguien manejó después de tomar. En la última década, el alcohol en la conducción ha dejado un promedio de 130 fallecidos al año en el país. Y el panorama general no mejora: según Carabineros, en 2026 ya se superaron las 1.000 muertes en siniestros viales.
Chile ha intentado frenar esas cifras por la vía legal. La Ley Tolerancia Cero endureció los límites de alcohol para conducir y la Ley Emilia aumentó las penas para quienes provocan lesiones graves o muertes manejando en estado de ebriedad. Pero la ley actúa después. El problema empieza antes, en esa conversación de madrugada en la que alguien tiene que decidir cómo vuelve a su casa.
Ahí es donde aparece Mi Vuelta.
La idea es simple y por eso funciona. Cuando termina un matrimonio, una fiesta o un evento, uno de sus conductores llega, recibe las llaves del cliente y lo lleva a su casa en su propio auto. A la mañana siguiente, el auto está estacionado donde corresponde y su dueño despierta en su cama. Nadie tuvo que elegir entre arriesgarse al volante o dejar el auto abandonado y volver a buscarlo al otro día.
En Chile, a esa figura se le conoce desde hace años como el “angelito”: el amigo que no toma para llevar al resto. El problema es que no siempre hay un angelito disponible, y cuando lo hay, suele ser el mismo de siempre. Mi Vuelta convirtió esa costumbre informal en un servicio que se puede contratar.
De conductor a dueño
La historia de José Marcano con la empresa no empezó en una oficina, sino al volante. Mientras estudiaba en la universidad, trabajaba como uno de esos conductores: llegaba a los eventos, recibía las llaves y llevaba a los clientes de vuelta a casa. Conoció el negocio desde el asiento del piloto, noche tras noche.
En marzo de 2024, los fundadores anunciaron que vendían la empresa. Para muchos habría sido el fin de un trabajo de estudiante. Para Marcano fue una oportunidad, y decidió comprarla. Pasó de manejar los autos de otros a dirigir la operación completa.
La apuesta salió bien. “Cada mes que pasa nos damos cuenta de que el crecimiento no para”, afirma.
Los números lo confirman. Mi Vuelta ya suma más de 3.000 servicios realizados y más de 250 conductores activos. Tiene una calificación superior a 4,9 de 5 en 800 reseñas, una cifra difícil de sostener en un negocio que depende de algo tan delicado como que un desconocido maneje tu auto contigo adentro, de madrugada.
Pero el dato que más dice sobre la empresa es otro: la gente vuelve. El 85% de los clientes contrata el servicio más de una vez al año y el 70% llega por recomendación de alguien cercano. En otras palabras, Mi Vuelta crece de boca en boca, que es probablemente la forma más honesta de crecer.
Detrás de la operación hay tecnología. La empresa usa inteligencia artificial para planificar las rutas y coordinar con cada cliente el horario y el lugar de retiro, de modo que el conductor llegue a tiempo y donde corresponde, incluso cuando la noche se alarga más de lo previsto.
Sin embargo, Marcano tiene claro que el mayor desafío no es tecnológico, sino cultural.
La mayoría de los clientes de Mi Vuelta tiene menos de 45 años. Para esa generación, pedir que alguien te lleve después de una celebración es cada vez más normal. Entre las personas de 50 a 70 años, en cambio, la costumbre de entregar las llaves todavía no se instala. Para muchos, dejar que otro maneje su auto sigue sintiéndose como admitir algo que preferirían no admitir.
Marcano confía en que ese cambio ya está en marcha, y en que serán los propios clientes quienes lo lleven a sus casas: el hijo que convence al papá, la amiga que se lo recomienda a su tía. Si el servicio crece de boca en boca, la cultura también puede cambiar así.
Mientras tanto, la empresa no se queda quieta. Mi Vuelta suma un servicio de valet parking para restaurantes y centros de eventos, y proyecta expandirse a otras regiones de Chile y, más adelante, a Lima y Buenos Aires.
“Creemos que Mi Vuelta en la Región Metropolitana ya es parte de la respuesta”, dice Marcano. “Solo hace falta expandirlo hacia afuera”.