Meaters: el negocio que nació en una práctica universitaria y vendió 120 mil hamburguesas en un año
Por Vicente Lefevre Labbé

Meaters partió con un encargo que la empresa no quería tomar. Cuatro años después, Juan Undurraga y Sebastián Fuentes vendieron cerca de 120 mil hamburguesas en un solo año, con una carta de apenas tres productos.
Todo empezó con una llamada. Un cliente habitual de una empresa de carne molida y hamburguesas pidió algo que nunca habían hecho: no quería cocinar las hamburguesas que compraba, quería que alguien fuera a cocinarlas a su evento.
El jefe dijo que no. No quería desenfocarse con eventos. Pero Juan Undurraga, que hacía su práctica universitaria en esa empresa, vio otra cosa. "Vi una oportunidad, lo vi como buen negocio", recuerda. Lo convenció de dejarlo tomar el encargo e invitó a Sebastián Fuentes a trabajar con él.
Ese primer evento salió tan bien que decidieron seguir. Empezaron a explorar la idea, a probar recetas y a buscar clientes. Así nació Meaters. El paso siguiente fue grande: un evento corporativo de 300 hamburguesas en Algarrobo. Tan grande que, al llegar, se dieron cuenta de que el queso y la salsa barbecue se habían quedado en Santiago.
De ese olvido salió la primera regla de la empresa: "Todo sale con checklist". También una idea que nunca soltaron: apostar por eventos grandes. En un negocio que vive del boca a boca, mientras más gente prueba sus hamburguesas, más gente los conoce. Por eso, desde el comienzo, se vendieron como especialistas en matrimonios y celebraciones corporativas.
Partieron con un carrito de smash burgers, un estilo que hasta entonces se veía sobre todo en restaurantes. Los clientes lo notaron de inmediato. "Nos comentaban mucho que estaba lleno de restaurantes de smash burger, pero que carritos no había ninguno", cuenta Undurraga, que se atreve a decir que fueron los primeros. La gente, explica, dejó de pedir la hamburguesa de siempre, más simple y fácil de hacer, para buscar algo más sabroso y con mejores ingredientes.
La carta, desde el primer día, tiene solo tres hamburguesas. Lo único que han cambiado es la receta del pan, hasta llegar a la que hoy consideran la oficial. Esa simpleza no es casualidad. En un evento, la velocidad lo es todo, y una carta corta se elige y se sirve rápido. "A la clientela le encanta que sean tres productos variados, pero al mismo tiempo súper fáciles de elegir", dice.
Lo que sí cuidan al detalle son los ingredientes, desde el pan hasta la papa y la lechuga fresca. "No transamos con la calidad", asegura. A eso suman atención antes y después de cada venta y capacitación para todos sus trabajadores. Para Undurraga, esa es la verdadera diferencia con la competencia.
Con el negocio andando, y ya con local, logística y equipo contratado, apareció otro desafío: casi todo pasa a fin de año. Octubre, noviembre y diciembre se llenan de eventos, mientras febrero, junio y julio se vuelven mucho más tranquilos. Para sostener esos meses lanzaron packs de hamburguesas para preparar en casa, que venden por internet y despachan por Uber.
Las dos ventas no podrían ser más distintas. El delivery funciona con stock y sin sobresaltos: entra un pedido y sale casi de inmediato. Un evento, en cambio, puede empezar a prepararse un miércoles y terminar un domingo. Hay que planificar ingredientes, preparar todo, montar, atender, limpiar y después pedir la opinión del cliente. En el medio, el clima, un taco o un trabajador que falla pueden complicarlo todo. "Durante el evento pueden ocurrir un millón y medio de problemas", dice. Por eso insiste: "Lo nuestro es más un servicio y logística que una experiencia gastronómica".
Esa logística se puso a prueba en su semana récord: 74 eventos en siete días. "Lo que implica hacer 74 eventos en una semana, logísticamente, es una locura", reconoce. Llegar ahí los obligó a corregir dos errores de los primeros años.
El primero fue no tener responsables. Como eran dos socios, todo se repartía de palabra, y muchas tareas "quedaban en tierra de nadie". Hoy cada socio y cada trabajador tiene un rol definido desde el principio. El segundo error fueron los datos. Tenían mucha información de clientes, pero nada útil: anotaban el nombre, mandaban un PDF por WhatsApp y ahí quedaba. Hoy, si alguien hizo un evento en octubre, lo llaman en septiembre del año siguiente, porque en este rubro los clientes suelen repetir. "Crear una base de datos pulcra y de calidad lo aprendí muerto", admite.
Para Undurraga, el mercado chileno da espacio para crecer. Los clientes son cada vez más exigentes, quieren probar cosas nuevas y, con el celular en la mano, conocen todas las opciones. Es una industria muy competitiva, reconoce, pero premia a quien se atreve a hacer las cosas distinto.
Cuatro años después de esa primera llamada, la carta sigue teniendo las mismas tres hamburguesas. Lo que cambió fue todo lo demás. El carrito se convirtió en una operación capaz de atender 74 eventos en una semana. El queso olvidado se transformó en un checklist. Y una lista de nombres sueltos pasó a ser una base de clientes a los que llaman cada año.